martes, 11 de mayo de 2010

El avión del Tibidabo, primer vuelo low cost de España


En 1928, lo más parecido que había a un simulador de vuelo era el avión del Tibidabo. Para quien no haya visitado Barcelona, Tibidabo es el nombre de una pequeña montaña que corona la ciudad y de un veterano parque de atracciones situado en su falda. No se parece en nada a los parques temáticos modernos, como Port Aventura o Terra Mítica. Es mucho más pequeño y familiar. Sobre todo, familiar: cualquier barcelonés tiene un recuerdo de infancia ligado al Tibidabo. Padres, abuelos y hasta bisabuelos han correteado entre sus espejos deformantes (inaugurados en 1905), se han embelesado con sus autómatas (los más antiguos datan de 1901) o han temblado de vértigo desde lo alto de sus 50 metros de atalaya.

Además de ser la atracción más emblemática del parque, esta avioneta de la Compañía Aérea Tibidabo puede considerarse un precedente de los vuelos low cost. En sus buenos tiempos, permitía volar desde Barcelona por menos de una peseta, con destino, eso sí, a la misma Ciudad Condal. No puede decirse que la ruta fuera muy larga, apenas unos metros de circunferencia alrededor del gran poste que sostiene el avión, pero al menos no existía el overbooking, nadie perdía las maletas ni sufría jet lag... y no era necesario cazar ofertas de vuelos baratos para permitirse el lujo de viajar. Bastaba -y sigue bastando- con comprar una entrada al parque.


No despega ni aterriza, de acuerdo, solamente da vueltas, pero es un avión de verdad... o casi. Se construyó a imagen y semejanza del primer aparato que realizó un vuelo Barcelona – Madrid. Aunque no esté en condiciones de volar por libre, se impulsa con su propia hélice y conserva el sistema de radio original de 1933. El viaje es tranquilo y las vistas, espectaculares: Barcelona entera a nuestros pies con el mar en el horizonte. ¿Qué más se puede pedir? A fin de cuentas, no todas las compañías aéreas pueden garantizar una experiencia de vuelo tan placentera. Y algunas aerolíneas low cost imponen condiciones de equipajes, seguros y anulaciones tan rígidas, por lo menos, como la estructura de hierro que aprisiona a la avioneta roja del Tibidabo.